martes, 17 de agosto de 2010

EL ROL SOCIALIZADOR DEL PROFESIONAL BIBLIOTECARIO

Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento
Municipalidad de Lanús, Provincia de Buenos Aires

Tesis de Grado
Lic. NATALIA SEGOVIA

Prologo
Eduardo Jopia
Corrección
Eva De Bartolo


Declarado de Interés para el marco de los festejos del Bicentenario
De la Dirección General de Cultura
De Honorable Senado de la Nación
Presentado el 2o de septiembre de 2010
En el Auditorio del edificio Alfredo L. Palacios
De Honorable Senado de la Nacion
Dedicado a
Zoraida Dellatorre
María Laura Ferrari
Eduardo Jopia

Agradecimento

Para tener libertad,
se necesitan tres cosas;
fuerza, inteligencia y amor
Lanza del Vasto

Este libro es el resultado de la tesis de grado de la licenciatura que curse en la UMSA, y que termine en el 2009 en la cual defendí ante un jurado de la carrera de Bibliotecología que aprobó mi investigación, durante el tiempo que transcurrí en dicha universidad, fui analizado la posibilidad de realizar este trabajo en donde el rol socializador del profesional bibliotecario era mi objetivo que pese a los traspié y las barrera llegue a terminar por que las palabras del maestro Lanza del Vasto me acompañaron en esos días “ Y ya al borde del gran viaje, aun cuando lloren tus ojos, mantente erguido y sonriente”, quiero agradecerle: a Laudino que esta en el cielo, Clotilde, Pepe, Cesar, Abel por ser mi célula familiar, a mis hijos del corazón que me dio el Colegio Nacional Buenos Aires a Gabriela Malamud, Victoria Splugas, Florencia Jakubovich y Matías Di gioia; a Zoraida Dellatorre que me impulso hacer el grado de licenciatura; a Graciela Cortabarria mi compañera de facultad en donde los otoños, inviernos y primavera era solo una estación en este camino de rendir materias de los interminables viajes de La Boca a Lujan a La Boca; a Eduardo Tamis mi hermano de la vida que me acompaña en los días que las cosas se complican, Marcelo Cosnard que me acompaña en laboral diaria de la Biblioteca José Manuel Estrada y el nuevo aporte de las revisión en la bibliografía de este libro, a Eva de Bartolo mi amiga de los cursos y las correcciones finales del libro, Rubén Sacchi que realizo la foto, el armado y la diagramación, a Lautaro Dores por hacer posible la presentación de esta obra, Celia Pirola por compartir a Pink Floyd y las intimidades del proyecto; a mi amiga Elisa Ávila que me acompaño en la Escuela Nacional de Bibliotecario en donde hicimos nuestro primeros pasos. Any Goskarian por estar allí cuando la necesito, a María Laura Ferrari por su eterno apoyo; a los usuarios (padres y niños) al personal de Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento por su tiempo y espacio que me dejaron compartir en el tiempo del trabajo de campo, a Omar Escales y Pedro Marabini de la dirección general de cultura del Honorable Senado de La Nación por su declaración de interés e incluirme en los festejos de Bicentenario de la Patria y poder presentar mi libro a allí. A la escuelita de la calle Bolivar que me acompaño en mis plegaria. En especial aquellas personas que en el anonimato me dieron una mano sin saber para que o porque, que en toda sociedad las hay, y que a veces unos suele encontrar en el caminos de la vida, a todos ellos mil gracias.

Natalia Segovia

A modo de Prologo

Un pueblo sin instrucción está condenado a la tiranía y el atraso.
Es deber del Estado "educar al soberano".
Sólo los hombres libres pueden formar pueblos libres y progresistas,
respetuosos de los valores y los derechos.
Domingo Faustino Sarmiento

Una tesis de grado como la que usted va empezar a leer, lleva un largo dificultoso camino, en que lleva al tesita a recorrer archivos, bibliotecas y el trabajo de campo en el cual palpa realidad de la situación geográfica de los actores que involucran y fueron parte de este trabajo que nos recorre, la autora, que seguramente en los veinte años que con lleva trabajar en la Biblioteca José Manuel Estrada del Colegio Nacional de Buenos Aires de la Universidad de Buenos Aires en donde el ver desarrollar de los adolescentes en jóvenes que ingresaran a la Facultad, fue marcando el pasaje hacia la búsqueda social del mismo, el tiempo de la alumna en la Facultad en donde fue dando paso a paso cada materia para llegar después del seminario final, en lo que aprendido, lo traído por la experiencia personal, el conocimiento diario, mas el marco del individuo ante la sociedad el compromiso al semejante, el brindarse y guiar en la bibliografía de lo cotidiano, nos lleva a reunir y sumar el concepto de la obra.
Sabemos que no fue fácil el viaje, tuvo que pasar por vicisitudes, en que intentaron cambiar el rumbo o el tema, pero ella como esa hija de la tierra colorada (la autores es de Posada Misiones) donde todo cuesta, nada se regala, pero hay esta la voluntad de hacer frente al mal tiempo y poner la buena por que el prójimo, nos brindara una mano, por que siempre hay que esperar lo inesperado de la gente, aceptado la propuesta de tesis inicio la ruta de recorre los borradores, unificar criterio, realizar ordenamiento, corrección de los mismo hasta el cansarse (en incluso esta edición es una versión nuevamente corregida), aprobaba en su defensa, que en su sangre esta el valor, la valentía de no callarse y la dignidad de Andresito Guacurari (el Vendado Indómito) en el que fuera duramente cuestionada por el carácter del rol socializador de que fundamental porque permite comprender por qué las relaciones entre el usuarios y el bibliotecario, que pertenecen a un ámbito de intimidad de lector y el profesional, que nunca han sido consideradas un asunto privado y siempre han estado sometidas a un intercambio del usuario y el que búsqueda en los anaqueles de las Alejandría de estés siglo. En nombre de la trascendencia social que tiene la Bibliotecología y la educación de las instituciones sociales han ejercido un riguroso intervencionismo sobre la sociedad. Por poner algún ejemplo, las condiciones de vida de los más pobres son tan limitantes del bienestar, de las capacidades y libertades, todas las personas en el conurbano bonaerense por ello quieren que sus hijos tengan oportunidades que les permitan desarrollar capacidades para que su lugar en la estructura social no sea librado al azar. De este modo todos los padres tienen expectativas de que sus hijos tengan esas oportunidades educativas que les permitan satisfacer sus necesidades y vivir con bienestar y destinan parte de sus recursos, por modestos que sean, para que sus hijos desarrollen capacidades de lectura que les permitan ser libres y vivir bien; todos esperan que las bibliotecas les ayuden en esta tarea de la búsqueda. La tarea socializadora es preocuparse de las fuentes de la desigualdad, que se encuentran en la base del sistema y, por lo tanto, más allá de su campo de acción. Este esfuerzo de delimitación de las áreas legítimas de actuación no implica negar la conveniencia de que la política, la educación, la económica sea manejada según objetivos de naturaleza social.
Para comprender los actuales procesos de cambio en las bibliotecas, es ineludible partir de una premisa fundamental: el modelo tradicional de ella ya ha cumplido su función histórica y es muy respetable por que en su momento fue el eje de las políticas de las Bibliotecas en nuestro país, y en consecuencia está agotado. La construcción de un proyecto democrático de las Bibliotecas escolares, universitarias, públicas, populares y especializada debe partir del análisis de las principales contradicciones que implica enseñar valores democráticos en una sociedad caracterizada por una cultura social postmoderna, donde predomina el individualismo exacerbado, la competencia por bienes escasos, la imagen de que la vida institucional se reduce a la búsqueda del placer inmediato. En la sociedad actual es el conformismo social es potenciado por el descreimiento en la participación de la ciudadanía, desconociéndose la relevancia del análisis histórico, político e ideológico para explicar la naturaleza dialéctica y la interdependencia mutua entre la biblioteca y la comunidad hoy este trabajo que le dio el grado de Licencia a Natalia Segovia refleja el modelo y el esfuerzo que realizan los hombres y mujeres que han apostado en ese largo siglo que se fue y que llevamos una década en este bicentenario que son los que trabajan en la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento de la localidad de Valentín Alsina, del partido de Lanus, de la provincia de Buenos Aires, en la Argentina, de la America del Sur.
Hoy estimado lector tiene en sus manos este libro, con el peso de ser una tesis de grado de licenciatura de la carrera de Bibliotecologías en sistema de información de la Universidad del Museo Social Argentino, en el que usted puede leer, y enriquece a vuestro conocimiento como lo dice el doctor en educación Daniel Alarcón Osorio (Guatemala, 1962) en su libro De quién es el cielo, entonces. De la voz de una: bibliotecaria que prefiere discreción, lugar donde coto la historia: su Biblioteca, cuando hace un par de años…Estaban ahí cuando cerraron. Cuando llegaron y abrieron se habían marchado porque estaban hartos de solo ser indizados y no leídos. “Quiénes” pregunta el lector, los libros dicen: “ellos mismos”. “Salimos a buscar lectores”, escribieron en una nota, cuyo destinatario es una bibliotecaria.
Eduardo Jopia
Editor

I. Introduccion

Había estado privado de sociedad humana.
Pero puede haber aprendido a hablar cuando era niño.
Recobró esta habilidad social particular
cuando reanudó su contacto con otras personas.
El muchacho de Nuremberg (1828)


Si bien la primera biblioteca popular, la Sociedad Franklin, se constituyó el 15 de abril de 1866 en la provincia de San Juan, es Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) con la ley sancionada durante su mandato, quien se ha considerado propulsor de tales unidades de información (Dobra, 1999:1).
El 23 de septiembre de 1870, gracias al impulso del presidente Sarmiento y del ministro de Educación, Nicolás Avellaneda (1837-1885), se promulgó la Ley 419, conocida también como “Ley Sarmiento”, que dio origen a la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. En la misma, se afirmaba que dicha Comisión “tendrá a su cargo el fomento e inspección de las bibliotecas populares, así como la inversión de los fondos” (Ley 419, 1870) nacionales, provenientes de las asignaciones del Poder Ejecutivo, destinados a la compra de textos para desarrollar el patrimonio de estas “asociaciones particulares”, situadas en cualquier población de la República.
Esta ley se hallaba dentro del marco de un programa de reformas generales cuyo objetivo era “educar al soberano”, esto es, al pueblo, ya que Sarmiento sostenía que el acceso igualitario a la educación garantizaba el progreso que en ese momento era sinónimo de civilización. Civilizar devino primordial y se tradujo en la realización del primer censo a nivel nacional durante los doce meses iniciales de mandato. Los resultados del mismo arrojaron que un 70 % de la población era analfabeta. A esta problemática se respondió con la creación de escuelas normales, públicas, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el Colegio Militar, la Escuela Naval, entre otras acciones gubernamentales.
Desde esta perspectiva, las bibliotecas populares y públicas se convirtieron en agentes de civilización, esto es, de adquisición de cultura europea y, por consiguiente, de modelización de un tipo de ciudadano ideal para vivir en la Nación que se estaba formando. Por otra parte, las bibliotecas ya desde la Primera Junta,[1] habían sido pensadas con ese fin.
Ejemplo de esto es la Biblioteca Pública porteña, antecedente de la actual Biblioteca Nacional. Ésta hace su aparición en 1812 bajo la dirección del presbítero Dr. Luis José Chorroarín. En su “Reglamento Provisional”, donde aparecen los primeros intentos de sistematización de criterios de la práctica bibliotecaria (definición de roles y jerarquías en el personal, elaboración de índices y catálogos, pautas de comportamiento y atención, entre otros), (Parada, 2002) se puede vislumbrar que la biblioteca no es un mero “depósito” de libros sino también el archivo de las publicaciones oficiales y ámbito de sociabilidad y de intercambio de ideas (se establece que se podrá conversar y departir en los pasillos o en una habitación destinada al efecto). El autor especifica que esta institución es producto de un esfuerzo colectivo y “patriótico” de donaciones espontáneas, a la vez que una decisión que en el plano simbólico da testimonio de una determinada cultura política revolucionaria. Característica que continuaría en el imaginario de bibliotecarios, hombres de cultura, políticos como así también en la sociedad argentina misma.
No obstante, la Ley 419 se derogó en 1876, iniciando lo que Tripaldi (1998) denomina la “crisis de las bibliotecas populares” del siglo XIX. La cantidad de habitantes era cada vez mayor con la llegada de los inmigrantes y:
Lo cierto es que la escuela pública no alcanzaba a toda la sociedad. Para enfrentar ese problema fueron surgiendo, primero en los centros urbanos y después en distintas zonas rurales, las bibliotecas obreras (Corbière, 1982:6).
Estas bibliotecas obreras tomaron la posta dejada por la disminución de las populares a causa de la crisis política que evidenciaba el país hacia finales del siglo XIX. En consecuencia,
En 1895 existían sólo 58 bibliotecas de acceso público en todo el país, de las cuales apenas 3 contaban con un subsidio nacional, cuando fueron casi 200 las creadas y subvencionadas durante la vigencia de la Ley de Protección (1870-1876). En cuanto a la ciudad de Buenos Aires, sobre un total de 12 bibliotecas registradas en el Segundo Censo Nacional de Población (Capítulo VI, cuadro II) solamente 3 eran de acceso público -excluyendo la Biblioteca Nacional- las cuales se sostenían por una Sociedad ad hoc (Tripaldi, 1998:2).
Las bibliotecas populares que subsistieron durante este período casi no podían abrir sus puertas a los lectores, además de no contar con un acervo bibliográfico acorde a las necesidades del nuevo público masivo que había surgido.
Esto implicaba un gran vacío educativo respecto al momento en que fuera sancionada la Ley Sarmiento, que fue llenado por el surgimiento de las bibliotecas obreras, aquellas creadas por anarquistas, socialistas y católicos para fomentar sus ideas político culturales e integrar a los sectores populares, tarea nada fácil en una sociedad en la que el crecimiento demográfico era exponencial debido a la inmigración y la aparición, con ella, de nuevas ideologías.
Estas bibliotecas poseían características similares a las populares y fueron defendidas por personajes de la época:
El movimiento socialista se apoya en la ciencia, y ésta nos ayudará a resolver la cuestión (…) Es sabido que la única causa por la cual el pueblo trabajador no se afilia al partido socialista, y se deja explotar y humillar, es la ignorancia (…) Instruyámonos pues. Tenemos medios para eso en la BIBLIOTECA OBRERA y en la ESCUELA LIBRE (Klimann, 1898, citado por Tripaldi, 1998: 4).
Estas palabras del militante socialista Mauricio Klimann, quien fundó la Biblioteca Obrera y fue miembro de su comisión directiva, nos hacen pensar en algunas ideas de Sarmiento y de otros hombres del gobierno y la cultura respecto a la necesidad de instrucción para el progreso, en este caso, de la clase obrera. Efectivamente, ideas similares habían surgido al discutirse la Ley Sarmiento:
El medio más poderoso para levantar el nivel intelectual de una nación, diseminando la ilustración en todas las clases sociales, es fomentar el hábito de la lectura hasta convertirlo en un rasgo distintivo del carácter o de las costumbres nacionales, como sucede en Alemania y en Estados Unidos (...) es imposible obtener este resultado sin la difusión del libro, haciéndolo accesible a todas las personas, sobre todo cuando faltan las revistas, diarios y esos innumerables medios de publicidad para las ideas y los hechos que dan en otros países pábulo incesante a la vida intelectual. La necesidad de las bibliotecas se hace sentir en todas partes (Congreso Argentino, Diario de sesiones, 1870: 453).
El acceso a los libros se planteaba como una garantía de progreso para la vida en democracia y civilidad, que contribuía al afianzamiento de la Nación.
[1] Ya en los albores de la formación nacional, el primer gobierno argentino sostiene la importancia de la creación de una biblioteca nacional para la formación de los ciudadanos. Mariano Moreno en la Gazeta exhorta a “hombres sabios y patriotas” a la tarea de pensar y construir una biblioteca pública.
Entre el 10 y el 13 de noviembre de 1908 se realizó el Primer Congreso de Bibliotecas Argentinas donde ciento veintitrés de ellas discutieron sobre los temas más variados. Por ejemplo, Tripaldi (1998) menciona que realizaron recomendaciones respecto a cuestiones edilicias, organizativas, de extensión cultural, legislación específica, fomento de la lectura y autores argentinos, realización de un anuario y relación con las escuelas.
En ese mismo año, la Ley 419 volvió a tener vigencia y se reorganizó la Comisión de Bibliotecas Populares. Este organismo no sólo se dedicaría a fomentarlas sino que también las controlaría y establecería un mínimo de pautas de funcionamiento a la vez que actuaría como referente para resolver problemas de organización y financiamiento en los diferentes casos, como sugiere Tripaldi (1998).
La restitución de la Ley de Protección de Bibliotecas Populares trajo como consecuencia la posibilidad de incluir dentro de su régimen a las bibliotecas obreras, pertenecientes a las diferentes ideologías. En consecuencia, el giro más importante lo constituyó su incorporación a un régimen nacional por el que obtendrían beneficios, como lo eran los subsidios estatales. No obstante, como contrapartida, esto significaba incorporar mecanismos de control que muchas de estas asociaciones obreras no estaban dispuestas a tolerar. Por sus propuestas ofensivas contra el gobierno, que a la vez generaban desconfianza en éste, la Comisión Protectora de Bibliotecas misma comenzó a recelar de todas aquellas pertenecientes a las diferentes asociaciones, gremios, credos o ideologías que desarrollaran cualquier tipo de proselitismo, especialmente en la década del Centenario. El ejemplo más notable fue el de los anarquistas.
Este conflicto perduró durante un largo período, como puede notarse en el Reglamento de la Comisión:
En la constitución de las Comisiones Populares, como en todo lo que se refiere a las Bibliotecas, es necesario proceder prescindiendo de ideas o intereses políticos o religiosos, para mantener la institución neutral y abierta para todos (Comisión de Bibliotecas Populares, 1934: 13).
Las ideas preponderantes de la Comisión y sus miembros durante los primeros cincuenta años del siglo XX pueden resumirse en las siguientes:
1. La biblioteca popular debe cumplir el rol de agente educador y de nacionalización.
2. La biblioteca popular es un complemento de la escuela.
3. Las bibliotecas obreras son instrumentos de lucha partidaria.

El segundo momento importante de creación institucional se dio en 1986, al rediseñarse la Comisión de Bibliotecas Populares con la sanción de la Ley 23.351. Nuevamente, el gobierno incluyó cambios en el sistema de estas bibliotecas en un proyecto que contenía también algunas reformas en la universidad y la educación, con miras a disminuir el porcentaje de analfabetismo arrojado en el censo de 1980.
En los dos primeros artículos de esta última ley, se entiende como populares a aquellas “bibliotecas establecidas o que en adelante se establezcan, por asociaciones de particulares, en el territorio de la Nación y que presten servicios de carácter público” (Ley 23.351, art. 1, 1986) cuyo objetivo principal es constituirse:
En instituciones activas con amplitud y pluralismo ideológico y tendrán como misión canalizar los esfuerzos de la comunidad tendientes a garantizar el ejercicio del derecho a la información, fomentar la lectura y demás técnicas aptas para la investigación, la consulta y la recreación y promover la creación y difusión de la cultura y la educación permanente del pueblo (Ley 23.351, art. 2, 1986).
Esto implica que, todavía un siglo más tarde, las bibliotecas populares cumplen la función de civilizar, instruir y socializar a los diferentes usuarios que forman parte de la comunidad a la que sirven, tanto como lo fue en los albores de la democracia de la nación.
A lo largo de esta breve reseña histórica, hemos encontrado algunos indicios sobre la noción de biblioteca popular –opuesta a las bibliotecas privadas– cuyo término queremos precisar como:
Equivalente a la expresión inglesa "public library", [término con el cual] se designa en los países anglosajones, donde el servicio de lectura colectiva ha alcanzado un desarrollo y perfección notables, a la biblioteca libre y gratuita para todos los habitantes de una comuna, distrito o región, cuyo presupuesto se cubre total o parcialmente con impuestos públicos (Buonocore, 1976: 85, destacado propio).
Como bien puede notarse en esta definición, las bibliotecas populares o públicas han sido pensadas en los diferentes momentos de la historia como ámbitos de democracia, libre pensamiento, progreso, educación y socialización.
En relación a esta noción, no debemos dejar de lado la definición que propone la UNESCO de biblioteca pública como:
El centro local de información, brindando toda clase de conocimiento e información disponible a sus usuarios. Deben fungir como centros de actividades comunitarias culturales, complemento de la educación formal, como centros de apoyo al desarrollo intelectual de los/las ciudadanos/as y deben, asimismo, tener en cuenta el desarrollo de hábitos de lectura en la población desde niños y tener también una acción dirigida a formar en el usuario/a las destrezas y habilidades en el uso de la información (UNESCO: 1994).
Esto significa que las bibliotecas públicas son ámbitos de formación ciudadana, tanto en referencia a las competencias intelectuales como sociales. Así, en dicho manifiesto se las piensa bajo la égida de la democracia, por lo que volvemos a encontrar las ideas de civilización, educación, progreso y socialización de los integrantes de las comunidades que las conforman, como se lee en las siguientes declaraciones:
La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales. Estos sólo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados para ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un papel activo en la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen tanto de una educación satisfactoria como de un acceso libre y sin límites al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información.
La biblioteca pública, puerto local hacia el conocimiento, constituye un requisito básico para el aprendizaje a lo largo de los años, para la toma independiente de decisiones y el progreso cultural del individuo y los grupos sociales” (UNESCO: 1994).
En efecto, las bibliotecas han constituido a lo largo de su existencia, un rol socializador por excelencia como el que cumplen las instituciones educativas, que muchas veces acompañan, tanto desde los discursos institucionales como desde las representaciones sociales populares. En esta línea, encontramos en el manifiesto ya citado las principales misiones :

Referentes a la información, la alfabetización, la educación y la cultura, habrán de ser la esencia de los servicios de la biblioteca pública: 1. Crear y consolidar los hábitos de lectura en los niños desde los primeros años. 2. Prestar apoyo a la educación, tanto individual como autodidacta, así como a la educación formal en todos los niveles. 3. Brindar posibilidades para el desarrollo personal creativo. 4. Estimular la imaginación y creatividad de niños y jóvenes. 5. Fomentar el conocimiento del patrimonio cultural, la valoración de las artes, de los logros e innovaciones científicos. 6. Facilitar el acceso a las expresiones culturales de todas las manifestaciones artísticas. 7. Fomentar el diálogo intercultural y favorecer la diversidad cultural. 8. Prestar apoyo a la tradición oral. 9. Garantizar a los ciudadanos el acceso a todo tipo de información de la comunidad. 10. Prestar servicios adecuados de información a empresas, asociaciones y agrupaciones de ámbito local. 11. Facilitar el progreso en el uso de la información y su manejo a través de medios informáticos. 12. Prestar apoyo y participar en programas y actividades de alfabetización para todos los grupos de edad y, de ser necesario, iniciarlos” (UNESCO: 1994).

Una y otra vez, el rol de la biblioteca se encuentra emparentado a la educación y a la formación ciudadana que, en esta tesis, la pensaremos en referencia a la socialización.
Asimismo, el rol social queda establecido por las directrices internacionales al explicitar que la biblioteca pública desempeña el papel de lugar de encuentro, de salón de la comunidad donde hallar información útil, desarrollar intereses recreativos y establecer contactos informales con otros miembros de la misma (Gill: 2001, 13).
Encontramos así uno de los ejes de este trabajo que es el fomento de la socialización por parte del personal bibliotecario.
Entendemos por socialización al proceso de adquisición, interiorización e integración en la personalidad del individuo, de los valores y las normas de comportamiento propios del grupo social o comunidad a la que pertenece, con el fin de posibilitar su adaptación a dicho contexto. Proceso que muchas veces es pensado como secundario pero que se torna fundamental para cualquier miembro del grupo puesto que al inculcar los elementos de esa cultura “las personas aprenden a participar efectivamente en las comunidades a las que pertenecen” (Light y Seller, 1996:107).

Como ya se ha mencionado al hablar de la historia de la CONABIP y las características de la biblioteca pública, uno de los objetivos principales, tanto de la teoría y práctica bibliotecológica, como de los planes nacionales, provinciales y municipales es la creación de ciudadanos alfabetizados por lo que, continuamente, se resalta como fundamental la formación de lectores ávidos y críticos desde la infancia.
En consecuencia, diferentes organismos públicos y privados unifican fuerzas para realizar distintas actividades que atraigan a los niños a las bibliotecas. De esta manera, ésta se piensa tanto como uno de los dispositivos de sostenimiento de la democracia como, a su vez, lugar de encuentro, aprendizaje, comunicación y socialización, apoyando tanto el ámbito familiar y comunitario, como al propio individuo en la construcción del conocimiento, de las diferentes estrategias y de los diversos lazos sociales.
Por consiguiente, los niños pueden encontrar allí integración, seguridad, autoestima y atención, especialmente si existen bibliotecarios para quienes los niños son visitantes importantísimos, usuarios a los que se trata con educación, atención y respeto. Al realizar diferentes actividades donde se comparten intereses comunes y se desarrollan vínculos de distinto tipo, los niños encuentran un ámbito de desarrollo que contribuye al sostén de la comunidad infantil participante. Las bibliotecas se constituyen como centros de socialización secundaria, como plantearían Berger y Luckmann (1968 [2001]), simbolizando determinados contenidos de ese mundo institucional que es la lectura.
Si solíamos pensar que:
La niñez era una época dorada, en la cual no cabían responsabilidades pesadas, en la que el afecto y la contención venían de los padres y permitían reunir un caudal afectivo y educativo que facilitaba enfrentarse con lo importante de la vida (Obiols, 1997: 261).

Hoy, después de la gran crisis de diciembre de 2001, existe una gran cantidad de adultos desocupados que se ven imposibilitados de brindar la ración diaria a sus hijos como lo estipula la UNICEF (2003) en su informe sobre Latinoamérica, donde señala la falta de un plan verdadero para la infancia.
En este contexto, las bibliotecas populares del conurbano bonaerense cumplen una misión social al tratar de compensar el quiebre de una sociedad que se olvida de su niñez. Consecuentemente, los escolares recurren en muchas ocasiones a estas instituciones para tomar la merienda. Lo curioso es que una gran parte permanece en ella buscando libros, revistas para sus actividades escolares o la charla del recreo.
Según la Dra. Silvia Di Segni:

La condición económica en la que vive el grupo familiar es de gran importancia. La familia está vinculada estrechamente con los fenómenos sociales que la rodean y a menudo sufren consecuencias de diversos tipos de crisis, entre ellas, las económicas; esto puede afectar seriamente la salud, como el caso de los niños que no logran obtener los nutrientes necesarios para un buen desarrollo (Di Segni Obiols, 2007:126).

De este modo, la relación que se construye entre los niños y el universo bibliotecario va más allá de las problemáticas de la práctica y la teoría bibliotecológicas.

lunes, 16 de agosto de 2010

Efectivamente, los profesionales a cargo de la unidad de información deben replantearse su rol. El papel tradicional durante los siglos XIX y XX estaba basado en la preservación de los documentos que constituían el acervo del centro que integraban. No obstante, con el desarrollo de la llamada sociedad de la información y de los nuevos soportes, el bibliotecario ha tenido que cambiar no sólo el tipo de perfil profesional sino también adquirir nuevas habilidades y, aún más especialmente, en las sociedades menos desarrolladas para que la información y la cultura puedan cumplir con los ideales democráticos que se corresponden a las propuestas de organizaciones internacionales tales como la IFLA o la UNESCO, preocupadas por el desarrollo de escenarios bibliotecológicos más equitativos.
De este modo, el rol social del bibliotecario ha sido preocupación de muchos profesionales. Ejemplos de la misma podemos encontrarlos en la siguiente selección de citas bibliográficas:

Os bibliotecarios nos países do Terceiro Mundo necessitam desenvolver um senso crítico em relação à política de informação, principalmente no que se refere à questão da transferência da informação. Não podem ficar omissos, nem alienados, absorvendo informações de modo passivo. Precisam desenvolver suas idéias e percepções, questionando o assunto, uma vez que são parte ativa desse processo (Amaral, 1995:1).

El perfil que se propone es muy ambicioso (un profesional muy bien formado en muchas y diversas disciplinas, algunas posiblemente cursadas durante sus estudios pero las más solo conseguidas a partir del aprendizaje autónomo) pero, desde un punto de vista estrictamente laboral, sólo se ofrece precariedad y un sueldo por debajo de sus prestaciones.
Además se le exigen una serie de aptitudes humanas muy específicas que deben convivir con otras comunes a toda la profesión (capacidad de comunicar, de tener un buen trato con los usuarios pero también la fortaleza emocional que exige un trabajo de estas características) (Vall-Casas, 2007:7).

El bibliotecario tiene una doble función en la promoción del cambio (educativo). Por una parte, como especialista en el tratamiento, la organización, la recuperación y la difusión de la información y como conocedor de los recursos de información destinados a los alumnos, tiene la oportunidad de crear mejores condiciones de acceso a dichos recursos y de facilitar su utilización entre la comunidad educativa, en función de las distintas necesidades. Por otra parte, como docente, enseña a utilizar correctamente estos recursos, tanto a los alumnos como a los profesores, para hacer posible la introducción de nuevos métodos de aprendizaje (Baro, 2003: 5).

La educación bibliotecológica –con raras excepciones- contempla pobremente los aspectos populares y sociales de la profesión (esto no ocurre sólo en Latinoamérica, pero quizás aquí sea más necesario, y, por ende, esta ausencia se note más) y no suele ocuparse de las bibliotecas “de trinchera”. Estas quedan en manos de profesionales que se sienten aislados, pero que luchan valerosamente por completar o mejorar su formación y por generar, con recursos casi inexistentes, servicios que respondan a las imperiosas necesidades de su comunidad (Civallero, 2006: 5).

En cada una de estas citas encontramos aspectos importantes que el nuevo bibliotecario debe contemplar: papel socializador y democrático de la biblioteca, formación continua, atención a los aspectos relacionales que muchas veces la currícula no tiene en cuenta (comunicacionales, pedagógicos, alfabetizadores, informacionales, tecnológicos, etc.).
El lugar de la biblioteca popular en la socialización de la información y en la creación de lugares de encuentro para la comunidad a la que sirve deviene fundamental para este nuevo milenio por lo que los bibliotecarios deben generar espacios de interrelación diferentes a los que usualmente aparecen en las representaciones sociales del erudito solitario acompañado por libros. La vida actual requiere de nuevos profesionales que socialicen las habilidades informacionales y promuevan la comunicación entre los lectores y visitantes de la biblioteca.
Desde su rol pedagógico, el profesional bibliotecario debe enseñar a aprender, ser el puente entre documentos, información y actividades que realiza la biblioteca y el público asistente. De este modo, convertirse en un mediador que permita a los usuarios crecer de diferentes maneras y no sólo mediante su ayuda sino aprendiendo a aprender. Así, deviene en operador cultural, promotor de los saberes de la sociedad en la cual se encuentra inserto. En efecto, el profesional deberá considerar importantes las necesidades de sus usuarios y ser creativo a la hora de ofertar actividades que permitan a la biblioteca generar un espacio público de encuentro:

Las bibliotecas están ahí para acompañar a las personas mientras crecen y para ello tienen que poner en acción, seleccionar y crear, una gran diversidad de materiales, recursos y servicios. Las preguntas de un usuario de 6 años son tan importantes como las de un profesor emérito y para poder solucionar sus necesidades se requiere el mismo rigor profesional. El primer gran reto al que se enfrenta un profesional que atienda a niños o jóvenes es su propio público. Y el primer escollo que debemos sortear, el primer peligro del que debemos salir airosos, es la tendencia a generalizar. Claro que este peligro igual lo corren los bibliotecarios que atienden a públicos de otras edades (Sánchez Tarragó, 2005: 4 - 5).

De este modo, las bibliotecas populares realizan actividades que traspasan los objetivos de fomento de la lectura y relación frecuente con los libros, como proponen organismos nacionales e internacionales, y se extienden a la socialización y consecuente desarrollo subjetivo de los infantes.
En esta línea, la presente investigación se propone aportar datos que contribuyan a conocer a la biblioteca popular como entidad socializadora. Efectivamente, se centrará en el análisis de las diferentes actividades realizadas en la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento de la Municipalidad de Lanús, con objeto de señalar distintos modos de creación de un ámbito que favorezca el desarrollo de relaciones interpersonales en niños de seis a diez años a través de diferentes actividades en torno a los libros y la lectura.
Estos niños van a madurar y desarrollarse a partir de la posibilidad que les brindan sus familias y comunidades educativas como también los roles sociales que juegan a partir de su vinculación en el ámbito de las bibliotecas. Así, el modo de vida social va a cobrar matices diferentes por ampliar su radio de acción a otros grupos, como en este caso, el mundo bibliotecario, una institución de la cultura.
A partir de las palabras, acciones y gestos emitidos por los profesionales bibliotecarios, los niños ingresan al mundo del libro y de las relaciones sociales. Es a través de otro que posee más conocimientos y habilidades que los infantes que pueden desarrollar, dentro de la zona proximal, sus capacidades potenciales. De este modo, la biblioteca popular como ámbito, promueve la socialización, particularmente en torno a la denominada sociedad de la información. La biblioteca es la encargada no sólo de la provisión de documentos sino también de la enseñanza y práctica de estrategias ciudadanas que, como explicita Javier Pérez Iglesias, se transforma en el principio de la actividad en la comunidad:

Para muchísimos niños, tener un carnet de la biblioteca es la primera vía para ser reconocidos como ciudadanos individualizados y la misma, un lugar donde pueden estar protegidos y cuidados a través de la vigía del bibliotecario, como lo merecen ahora estos hombres del mañana, porque el futuro es hoy (Pérez Iglesias, 1999).